jueves, 27 de octubre de 2011

Cap. 71° Parte II: "Construyo muros en mi corazón, sólo para ver a quién le importa lo suficiente para como para derribarlos"

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—Lo haces perfectamente —continué.
—¡Aw! No es para tanto —parecía enternecido; no sé si sentirme bien o mal.

Sí, no sabía. Habían varias formas de tomarse lo que él me dijo, y una de ellas podría ser “¡aw, es una chiquita inocente!”, o cosas así. “Una mocosa”, nada más. En cierta parte, no sabía si sentirme halagada o ofendida. Decidí dejarlo pasar por “alto”, por un solo segundo. No duraría demasiado.

—Sonso —acompañé con una carcajada, para hacerme la tonta.
—Sonsa, una pregunta.
—Dime.
—¿Por qué cuándo te llamé en la mañana estabas mal? —me preguntó. No quería contestar.
—No lo sé. Ya te dije, los primeros de cada mes no son mis favoritos. Ya te dije —le hice recordar.
—Oh cierto, pero, ¿estabas llorando?
—No, nada —no quería admitirlo.
—Oh, está bien —sonrió—, no quiero que estés triste por ningún motivo.
—Ow, ¡qué lindo! —lo interrumpí.
—Y quién te haga sentir así se las verá conmigo, ¡ah! —me hizo sentir bien.
—Lo tendré en cuenta —sonreí, y comí un bocado de pasta.
—¿Y cómo te va en la relación con Paz?
—No me hables de esa puta, por favor —le pedí.
—¿Por qué? ¿Qué pasó?
—Ya sabes lo que me hizo con Christian; de que salieron, toda la huevada.
—¡Qué malhablada! —criticó él.
—Así soy —sonreí—, así me quieres.
—Más de lo que crees —lo escuché. No lo dijo en un tono de voz muy alto, pero sí lo escuché; fue suficiente su timbre de voz.
—Sí —no quise ser tan obvia, quise hacerlo pensar que no lo había escuchado en lo absoluto, porque le podía resultar algo embarazoso.
—Pero, bueno, ¿ya no se hablan ni para insultarse? —me preguntó, como si no recordara lo que me había dicho segundos antes.
—Yo no le pienso hablar más —contesté—, porque para empezar ni si quiera me cae bien.
—Nadie te cae bien, ¿cierto?
—No, nada que ver —me defendí—, tú me caes bien, por ejemplo.
—Oh —sonrió.
—¿Ves? No todos me caen mal —sonreí.
—Entonces, ¿Ryan y Paz te caen mal? —corrigió su pregunta.
—No, Ryan me cae bien. Es la única persona aparte de Elizabeth que tengo en esa casa —con “esa casa”, me refería a la casa donde vivía mi madre con Rafael, y los hijos de éste último.
—¿Ah sí? ¿No se odiaban? —me miró sorprendido, como si se hubiera perdido un momento de nuestras vidas.
—Sí, antes. —respondí—, pero me di cuenta que es buena gente.
—¿Y Paz?
—Paz no me ha demostrado nada positivo de ella —proseguí—, sigo pensando que ella es una puta.
—¡Qué mala! No lo es —la defendió.
—Bueno, para mí sí —dije—, es una puta.
—¿Por qué lo dices?
—¿Todavía preguntas? —le respondí con otra pregunta—, ¿no la has visto?
—Sí, pero, por esa misma razón te pregunto.
—“Agarra” con todos, siempre está en algo con alguien, pero de broma y todo eso —le hice recordar—, ¿ahora recuerdas que estamos hablando de Paz Butler, cierto?
—Sí, pero…
—No te gusta perder, ¿cierto? —lo interrumpí.
—A nadie le gusta —contestó—, ¿a ti no?
—Nunca pierdo —sentencié.
—¿Ah sí?
—Jamás.
—Eso lo veremos —sonrió, mientras daba otro bocado de pasta.
—Tú dirás.
—¡Malcriada! Todavía insultas, ¿no?
—Sí, ¿o te dejo sin responder tus preguntas? —reí. Él me miró por unos segundos, como pensando algo.
—Mejor contéstame —dio su respuesta finalmente, después de haberme estado mirando.
—Lo sabía —solté una carcajada.

Comimos, y seguimos hablando de algunas cosas más; cosas sin importancias.

Como él me había dicho “hay cosas en la vida que no necesitan una razón lógica, simplemente ocurren porque sí”, y creo que muchas de las cosas que he sentido, o estoy comenzando a sentir por Justin, se rigen bajo esto.

Hablar con él, en este día, compartir con él, etc. Me hacen sentir mejor, porque él está acá, con sus palabras distraen mi mente por unos segundos, o mejor dicho minutos. Me hace sentir bien, me hace sentir en compañía.

—Oye, una pregunta, pero si quieres no me respondas.
—Dime —respondí con nerviosismo. ¿Qué podría ser?
—No es por ser chismoso —comenzó Justin—, pero, ¿qué es con Christian?
—Nada —respondí—, no le he hablado desde ayer en la fiesta. No tengo ganas tampoco.
—¿Lo de ustedes no da para más, cierto?
—Creo que sí. Creo que ya no da para más —respondí—, es algo medio bipolar, ¿me entiendes?
—¿Cómo así? —tomó más confianza en la conversación.
—Porque hay veces que nos decimos que nos queremos, y hacemos promesas, pero no es así tanto la cosa, ¿me entiendes?
—Sí.
—Pero, hay otros momentos que solamente quiero desaparecer, y lo considero como un error, y un montón de esas cosas. Creo que…
—Crees…  —yo había hecho una pequeña pausa.
—Creo que solamente confundí amistad y una ilusión, con amor.
—¿En serio?
—Lo siento así a veces.
—¿Entonces?
—No lo sé. Estoy confundida. Es lo único que podré decirte.
—¿Por? —preguntó—, ¿te incomoda hablar de todo eso?
—No, simplemente que no sé todo lo que estoy sintiendo y todo eso. Es algo confuso que ni si quiera yo misma puedo descifrar.
—¿Estás confundida? —trató de comprenderme.
—Totalmente —respondí.
—Lo mejor sería aclarar tus sentimientos —me aconsejó.
—¿Sabes? Yo misma me estoy metiendo en problemas que no quiero.
—¿Por qué lo dices?
—Porque así son las cosas —contesté. Estaba que contestaba de pregunta en pregunta y me molestaba todo eso—, solamente quiero sentirme conmigo misma.
—¿Y qué piensas hacer?
—No sé. Solamente quiero aclarar todo conmigo misma. Y alejarme un rato de todo este ambiente.
—¿No soportas ni un día más acá, cierto?
—Solamente me quiero ir para desestresarme y olvidarme del mundo rato.
—¿Qué piensas? —me preguntó.
—Me quiero ir para mi cumpleaños a _______(tu país).
—¿Crees que tu mamá te deje?
—En Latinoamérica cuando una chica cumple 15 años, le hacen una fiesta ó puede optar por un viaje. Yo ni cagando me haría una fiesta, jamás he querido, y tampoco querré ahora. Demasiada vergüenza, y no me atrae demasiado la idea —le conté—, y yo quiero irme de viaje.
—¿Te irás de viaje al lugar donde has vivido toda la vida?
—No estaba en mis planes hasta hace unos meses.
—¿A dónde te hubiera gustado viajar realmente?
—Me hubiera gustado viajar con una amiga a Londres. Jamás he ido —le conté uno de mis deseos—, pero sé que mi mamá no me querrá pagar un viaje a Londres y también a ______(tu país). Ya sabes, muchos gastos.
—Sí, te entiendo.
—Me decidiré por ________(tu país) —contesté.
—Pero has vivido ahí toda tu vida.
—Sí lo sé, pero quiero estar ahí. Solamente quiero volver ahí.
—¿Te quedarás ahí? —me preguntó.
—Quiero eso más que nunca —respondí con mucha esperanza.
—¿Y me vas a dejar acá? —habló rápidamente, Justin, no lo escuché muy bien que digamos.
—¿Disculpa? No te escuché bien —no lo entendí.
—¿Vas a dejar a todos los amigos que has hecho acá?
—¿Cuáles amigos? Creo que solamente están Caitlin y tú; nadie más.
—No digas eso.
—Es cierto —dije—, no tengo ningún otro amigo. Después acá se queda Verónica. Pero en _______(tu país) tengo una vida. Una vida que he dejado y que quiero recuperar. Jamás debí de moverme de ahí.
—¿Te quieres ir?
—Sí, y más que nada en el mundo —contesté—, acá no tengo nada. Ni si quiera familia.
—¿Y tu mamá? —preguntó.
—Ella ya tiene una familia —respondí—, una familia a la cual quiere más que la que tenía.
—No los quiere más. Jamás lo hará —me miró, y siguió comiendo—, te quiere más a ti.
—Está embarazada —le repetí—, ¿no entiendes? ¡Va a tener otro hijo!

Ya había empezando con el tema de mi familia y todo eso, pero sé que jamás saldré de este tema. Este tema es el culpable de mi falta de amor hacia las cosas y personas. Hay cosas que simplemente te van a tener marcado para el resto de tu vida y jamás superarás o olvidarás. Siempre estarán vigentes, solamente que tomarán menos ó más importancia con el tiempo. Y no podré hacer nada al respecto para cambiarlas, porque ya están hechas.

—Sí, va a tener otro hijo. Pero…
—Pero nada —lo interrumpí—, una madre siempre va a querer igual a todos sus hijos. Y es lo  que yo no quiero.
—¿Por qué? Ese bebé no tiene la culpa de nada —se quejó.
—No, pero su padre tiene su culpa de darle existencia en este planeta —comenté—, no sabes cómo desearía que todo esto fuera una pesadilla. Nada más.
—Pero no lo es.
—Sí, ojalá lo fuera —insistí en ello—, y lo va a querer igual que a mí.
—No te pongas así.
—Solamente me encuentro acá, mientras construyo muros en mi corazón, sólo para ver a quién le importa lo suficiente para como para derribarlos.
—¿Ah? —me miró, pero no pude comprenderlo. Él tampoco a mí.
—Porque prometí que ya no voy a permitirme ver como todo lo que he construido en un tiempo, las personas puedan venir y tirarme al piso como si fuera un papel. Ya otra vez no.
—¿Quién lo ha hecho?
—Todas las personas con las cuáles me he cruzado en mi vida han creído que pueden hacer con eso, y lo hacen como si fuera normal —le expliqué—, pero ya no quiero aguantar eso de nadie más.
—Eres fuerte, en serio.
—No soy fuerte, simplemente que me doy cuenta de lo que debo de hacer y de lo que no.

Me gustaba que la gente viera fortaleza reflejada en mí, y sí, parecía eso. Pero realmente no era así. Soy muy débil, solamente que no digo nada. Me quedo callada; prefiero sufrir en silencio. Es mejor desde muchos puntos de vista.

—Sí lo eres —me sonrió—,  es lo que más admiro de ti.
—En ese caso, no tienes nada que admirarme —comenté—, no soy fuerte.
—Sí lo eres.
—Soy una de las personas más débiles que vas a conocer en toda tu vida —le aseguré.
—¿Por qué lo dices?
—Porque así soy —respondí—, sé que en tu vida conocerás a alguien como yo.
—Sí, no conoceré a nadie como tú —terminó aceptando—… una persona tan perfecta.
—No soy perfecta.
—Sí lo eres, para mí.
—Estoy demasiado lejos de serlo. Y tampoco quiero serlo, porque le quitaría la diversión a la vida. A nadie le gustaría estar con una persona perfecta —argumenté—, ¿o a ti sí?
—A mí me gustaría estar con una persona que cuando esté conmigo sea tal y cómo es. No trate de ser otra persona, que sea como es, y que me diga las cosas como son, sin importar que tanto me puedan molestar —manifestó.
—Esas personas ya no existen —dije, todo el mundo es falso— Ya nadie dice las cosas como son. Solamente buscan un montón de cosas y excusas. Quieren ser alguien que no son, solamente para agradarles a más personas. Gracias a Dios que no soy así, porque a mí no me gustaría que fueran así.
—Entonces, tú no perteneces a este mundo —me dijo él. No logré entenderlo en lo más mínimo.
—¿Cómo así? —no entendí, pero no quería sonar insensible.
—Tú no eres falsa, y sé que no buscas un montón de cosas y excusas. Tú eres de verdad, eres realidad —me sonrió.
—No sé cómo me dices todas esas cosas cuando no hemos tratado lo suficiente.
—Porque yo considero que no te he tenido que conocer una vida para hacerlo —argumentó—, es suficiente. Tampoco tendré toda una vida para hacerlo, porque ya has pasado algunas cosas que jamás voy a ver, porque ya pasaron.
—¡Qué lindo eres! —exclamé con una sonrisa.

Él me sonrió, y seguimos hablando de un montón de cosas más. Traté de esquivar algunos temas incómodos para mí, pero él lo supo entender.

Terminamos de comer los dos. Yo me demoré como 10 minutos más que él. Después, pidió un postre para los dos.

—Te demoras un montón en comer —se quejó él.
—Antes comía muchísimo más rápido —comenté.
—¿Y ahora?
—Es que antes yo pasaba la comida básicamente sin masticarla —argumenté y solté una carcajada—, pero ahora estoy aprendiendo a masticar la comida bien.
—¡Qué pava! —exclamó él, y rió.
—Así dicen —sonreí.
—Mf —rió conmigo.
—Después de esto, acompáñame a mi casa, ¿sí? —le pedí—, prefiero estar contigo, y que me hagas reír a estar ahí y que me maten de cólera.
—Ya, no te preocupes —contestó con una carcajada; seguramente por lo que dije de “me maten de cólera”.
—Ya, está bien —sonreí—, no seas falla, ¡ah!
—Tranquila, lo haré.

Dicho esto, trajeron el postre. Lo pusieron en el centro, y nos dieron cucharas para comerlo. Era un brownie de chocolate, con relleno de chocolate de leche. Algo raro, sí. Y con helado de vainilla.

Comenzamos a comer.

—Y volviendo al tema de tu viaje. ¿Cuándo piensas viajar?
—Mi cumpleaños es en 12 días. Mi mamá no me ha dicho nada sobre mi cumpleaños, ni un viaje, ni nada —comenté—, y no la culpo.
—¿Por?
—No hablamos desde que básicamente llegué a Atlanta. Y si hablamos, es lo mínimo.

Él solamente estaba viendo lo de afuera. “La decoración”, pero no estaba viendo lo de adentro. Las cosas como eran por dentro, y si es que eran dolorosas ó no; pero sé que tenía una idea. No la exacta, pero sí una que lo ubicaba más o menos. Quería que me comprendiera aunque sea un poco, pero sin decir de más.

—Asu, ¿tan fea está la situación? —preguntó.
—Sí.
—¿Crees que te diga algo?
—Seguramente mañana ó pasado —contesté—, pero de que me quiero ir a ________(tu país), me quiero ir. Aunque sea por un par de semanas.
—¿Vas a perder clases?
—No me importa perder clases —respondí—, cuando vuelva me puedo poner al día, y entregar mis trabajos y exámenes. Eso no es problema.
—¿Eres buena alumna?
—Me saco buenas notas —dije. Era la mejor de la clase. Y me habían adelantado básicamente—, y aprendo rápido. Así que no importaría. ¿Y tú? ¿Qué tal eres en el colegio?
—Bueno, yo no voy al colegio. Tengo una tutora que me enseña algunas horas al día, pero no soy muy atento. Me distraigo fácilmente —comentó.
—¡Oh! Pero, seguramente que si te concentras haces las cosas bien.
—Sí, pero después de que me explican las cosas mil veces. Finalmente, ya estoy por terminar “el colegio”.
—¿Cuándo terminas? —cuestioné.
—Entre este y el próximo año —me dijo—, ¿y tú?
—Yo soy una mocosa, aún —respondí—, me faltan unos años más.
—¿Cuántos?
—Creo que 3 años, ó algo así —dije—, la educación de Estados Unidos es algo distinta a la de _______(tu país) hablando sobre como llevan los años. Nada más. Después es todo igual.
—Oh.
—Sí, soy una mocosa. Tú me llevas como tres años.
—Yo tengo solamente 17 años, tú ahorita cumples 15 —manifestó.
—Sí, pero… ahorita tú cumples 18 años. Y yo seguiré con 15 —hice cálculos rápidamente. Así serían las cosas.
—Son 3 años, nada más.
—En 3 años has vivido cosas que probablemente a mí todavía me tocan vivir —dije. La edad no me importaba demasiado para ser honesta, pero lo hacía para sacar tema de conversación.
—Sí, pero llegarán todo a su debido tiempo. Te lo aseguro —y lo hizo.
—Sí. Aunque uno nunca sabe —me metí una cucharada de helado a la boca.
—¿Te quieres morir? —me preguntó.

Yo solamente lo miré con algo de impresión. No sé a qué se debió su pregunta, pero no se veía muy serio en lo absoluto. Más bien lo veía relajado.

—¿Por qué preguntas eso? —lo miré extrañada.
—Porque me lo dijiste como diciendo “¿qué pasa si mañana me muero?” —trató de imitar mi tono de voz. Parecía cabro.
—No te sale —reí—. Hazme un favor.
—Dime.
—No me hagas pensar de que eres gay, por favor. No hagas que esa idea vuelva a mi cabeza otra vez —bromeé con él.
—¿Gay? —cuestionó—, dime que tengo que hacer para demostrártelo.

Me miró pícaramente. Solamente sonreí. No sabía que decir, y no quería dar una respuesta que me haría quedar suficientemente puta con él ó con cualquier persona.

—No sé, tú dirás —respondí.
—…

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Capítulo dedicado a Nicole Salinas, Floorh, Gala, Rocío, Allison, Marian, Kelsey, Salome, Rossana (¡Feliz cumpleaños atrasado!), Valentina. 

Hola chicas, ¿cómo están? Bueno, espero que les guste este capítulo. Me inspiré en hacerlo, y para que se den cuenta, todo el capítulo es JUSTIN Y TÚ. Ámenme :) ji, no. Mentira. 

Alicia: Jaja, no tienes porque pedirme perdón :) 

Valentina: Gracias, me diste una idea :) 

Mi Cuenta en Polyvore: http://valebieber1.polyvore.com/
Blog donde se encuentran los primeros capítulos de “Un giro de 360° desde que te conocí”: http://ungirode360desdequeteconoci-novela.blogspot.com 

Preguntas:
1. ¿Has leído una novela llamada "My Sweet Obsession"?
RPTA: Sí, pero no terminé de leerla, porque hackearon esa página. 
2. ¿Cómo es Justin?
RPTA: No entendí tu pregunta. ): 
3. ¿Te gusta la canción "Mistletoe" de Justin Bieber?
RPTA: Sí, la amo :) Creo que es la canción que más me gusta de él. 
4. ¿Cómo eres físicamente?
RPTA: Bueno, para mi edad, soy alta. Mido 1.62cm, y soy contextura normal, tengo ojos cafés, ni oscuros, ni claros, pestañas rizadas, cabello rizado color castaño oscuro, pero no negro, en las puntas se va hacia el castaño. Soy blanca, y ya, ¿qué mas puedo decir? Jajaja. 
5. ¿Falta mucho para que termines con Christian?
RPTA: Falta muy poco. 
6. ¿Cuál es tu canción favorita?
RPTA: "Heart Stereo", por el momento. Y también "You Make Me Feel So". 
7. ¿Antes de subir "Un giro de 360° desde que te conocí", hacías otra novela o leías otras?
RPTA: Primero, comencé leyendo novelas, y me gustó, así que yo hice una novela, sobre Nick Jonas y Miley Cyrus, pero ya las eliminé, y luego me animé hacer una de Justin Bieber y tú. 
8. ¿De verdad tienes 12 años?
RPTA: Jajaja, sí. ¿Por qué? 
9. ¿No era que por el capítulo 50° Justin y yo íbamos a tener algo?
RPTA: Sí, pero cambié de planes, porque la novela va a ser un poco más larga de lo que pensé :) 
10. Escuché la canción "These Days" de Rascal Flatts y por el minuto 0:54, escuché una voz parecida a la de Justin. ¿Cierto?
RPTA: Jajaja, anda. Esta canción salió antes de que Justin fuera famoso.
11. ¿Has montado alguna vez un caballo? ¿Te gustó?
RPTA: Sí, es paja. Me gustó porque no sé, me sentía bieen, me sentía como que, no sé. Fue pajasa, solamente que tenía miedo de caerme, jajaja. 
12. ¿Tienes Tumblr?
RPTA: No, no tengo (: 
13. ¿Dónde está el capítulo 16° de Latin Girl?
14. ¿Cuánto pesas y cuánto mides?
RPTA: Peso algo de 55kgs, y mido 1.62 cm, sí sé. Tengo que hacer ejercicio. 
15. ¿Me podrías pasar la sinopsis de "Un giro de 360° desde que te conocí"?

Vale  

martes, 25 de octubre de 2011

Cap. 71° Parte I: "Hay cosas en la vida que no necesitan una razón lógica, simplemente ocurren porque sí"

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"Me haces reír sin razón alguna" 


—¿Tienen reservaciones? —nos miró.
—Sí —respondió Justin—, Justin Bieber.
—Mmm… —miró la computadora que tenía, para ver si estaba el nombre de Justin—, ¿mesa para dos?
—Sí.
—Venga por acá, por favor —nos pidió, mientras caminaba.

Nos llevó al segundo piso. El primer piso se constaba mayormente del restaurante, y para comidas un poco más elegante, algo así. El segundo piso no, era lindo, era así…

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Me quedé atontada. El lugar era hermoso, pero no me quedé tan tonta por eso. Fue más porque vi todo eso. ¿Realmente él estaba haciendo todo esto por mí? No podía creer que alguien hiciera tantas cosas bonitas por mí, sin que yo la haya merecido.

—Tenemos dos mesas disponibles para usted —dijo ella mirando a Justin—, ¿las prefiere acá, cerca de la puerta, o hacia  la terraza?
—Elige tú —me miró a mí, Justin.
—En la terraza —respondí.
—Ok.

La chica nos llevó hacia una mesa  que estaba pegada a la terraza (las que están lejos en la figura).

La  vista era hermosa, se podía apreciar gran parte de la ciudad, ya que el restaurante estaba en lo alto de un edificio. Era perfecto. Desde que había llegado a Atlanta, esto era lo más hermoso que había visto;  y me estaba enamorando del panorama.

Apenas llegamos, Justin se acercó a mí, y me sacó el asiento para que me pudiera sentar, una vez que lo hice, lo volvió a su sitio, y se fue él a sentar.

—Gracias —le agradecí por el acto de cordialidad que había tenido conmigo.
—No me agradezcas —pidió.

La chica seguía ahí, viéndonos. Miraba más a Justin. Supongo que debió de estar diciendo o mejor dicho, pensando, “¿quién es ésta?”. Yo también lo haría, y cualquiera haría lo mismo. De pronto, vino un mozo, y la chica se fue.

—Buenas tardes —nos saludó.
—Buenas tardes —respondimos los dos, mientras el mozo le pasaba un menú a Justin.
—Gracias —le agradeció Justin con una sonrisa. Luego, me dio a mí otro menú.
—Gracias —hice lo mismo.

Era de ese tipo de restaurantes lujosos, y que un plato de ensalada te costaba 50 dólares, y que no cualquier persona podría ir. Tenías que tener algo de “clase”. Había ido a muchos con anterioridad, así que no era nada nuevo para mí. Pero la intención era lo que contaba, y también el lugar. Me encantaba el lugar.

Nos dejó el pan en la mesa, que había traído ya, y la mantequilla. Y nos sirvió agua en los vasos. Y se fue.

—Oye, en serio. Gracias —le dije a Justin—, ya te lo dije una vez, y lo pienso repetir otra vez. No sé por qué haces tantas cosas lindas por mí, cuando no me lo merezco.
—Sí te lo mereces —replicó él—, aparte, déjame a mí hacerlo. Lo hago porque quiero, y también porque me gusta tu compañía.
—Aw, ¡qué lindo! —no pude evitar decirlo, y más aún con la sonrisa que tenía en el rostro en este preciso momento.
—Linda tú.

Me sonrojé, y me confundí más. No sé, estoy harta. Y quiero hablar más claro. ¿Le gusto? ¿Me gusta? ¿Estoy empezando a sentir algo por él? ¿Estoy confundiendo una estúpida ilusión con amistad ó qué? ¿Me está gustando él ó su forma de ser conmigo? Muchas preguntas, ¿no? Ni una sola respuesta.

—Gracias —pude decir—, aunque estés mintiendo.
—Hay que ser sinceros, ¿no? ¿O prefieres que te mienta? —me regaló una sonrisa, y luego miró el menú.

Decidí quedarme callada; no sabía que decir. Solamente miré el menú, y miré todo lo que ofrecían. No tenía mucha hambre que digamos. Cuando estaba mal anímicamente eso era lo que pasaba, pero tampoco no me iba a quedar viéndolo comer a él, porque para empezar, él no lo permitiría.

Minutos después…

En los minutos que habían transcurrido, no habíamos hablado, solamente nos habíamos mirado a los ojos, y de repente nos habíamos hecho los locos como si ese contacto visual jamás hubiera ocurrido. También habíamos pedido la comida que íbamos a comer. Yo pedí Spaghetti a la Bolognesa, una de mis comidas favoritas. Tenía ganas de comer pasta. Él pidió lo mismo. Al parecer era su comida favorita.

Una vez que el mozo se había ido, me acomodé bien, y me senté correctamente en la silla para estar más cómoda. Él solamente me miró.

—¿Pasa algo? —me preguntó.
—No, nada —respondí—, solamente que quería sentarme bien.
—Ah Ok.

Ninguno de los dos sabía que decir, o bueno, al menos yo no lo sabía en lo absoluto. Creo que él tampoco.

—¿Tenías algún plan para hoy día? —seguramente pensó que estaría aburrida.
—No, ninguno —hice una breve pausa—. Más bien no pensaba salir de mi casa hoy día.
—¿Por? —preguntó, seguidamente de una carcajada.
—Porque los “1eros” de cada mes, no son mis días predilectos —no estaba mintiendo. Estaba siendo sincera.
—¿Por qué? —a cualquiera le parecería raro, a mí también si es que no se tratara de mí.
—Por algunos motivos personales —supe inventar una excusa en el preciso momento; era así la mayoría de veces, y me gustaba.
—Ok —notó que no quería hablar de eso; porque de no ser así me hubiera seguido preguntando y preguntando.
—No creas que me aburres —le dije—, simplemente que no estoy bien anímicamente hoy día. Más bien me agrada tu compañía, me hace sentir mejor.
—No te preocupes —replicó ante lo  dicho por mí previamente, y con una sonrisa—. Te entiendo.
—¡Oh! —sonreí—, aún no entiendo tu razón de ser.
—Creo que entre ayer y hoy hemos hablado mucho de eso, y te he dado mis razones más de mil veces.
—Sí lo sé, pero es que aún no le encuentro una razón lógica. ¿Me entiendes?
Hay cosas en la vida que no necesitan una razón lógica, simplemente ocurren porque sí —comentó él.
—¡Qué lindo! —sus palabras para mí fueron hermosas—, pero tienes razón.
—Oh —sonrió—, así son las cosas. Solamente que uno tiene que aprender a vivir la vida…
—Porque la vida no vino con un manual de instrucciones —terminé lo que él iba a decir. Esa frase la conocía como la palma de mi mano.
—¿Cómo sabías? —me preguntó sorprendido.
—“Hay cosas en la vida que no necesitan una razón lógica, simplemente ocurren porque sí” —respondí con la misma frase que él me había dado a conocer minutos antes.
—No, ya pues —me insistió con la mirada.
—Es obvio —dije—, es obvio.
—¿Es obvio qué cosa?
—Era obvio que iba a terminar así la oración. Eso de “la vida no vino con un manual de instrucciones”, es una de mis frases favoritas.
—¿Y cuál es tu frase favorita? —él estaba inmerso en la conversación.
—No lo sé. Me gustan muchas frases —respondí—, especialmente las de Nicholas Sparks. Para mí es el mejor escritor del mundo.
—¿Te gusta leer? —me preguntó.
—Me gusta leer lo que a mí me gusta. Por ejemplo, si hay algún libro que me gusta lo leo —comenté—, pero si me obligan a leer y no me gusta. Simplemente no es así.
—Solamente lo que te gusta, ¿cierto?
—Exacto. ¿Y a ti?
—Sí, me gusta leer. Especialmente poesía.
—A mí no me gusta leer mucho poesía por el simple hecho que me aburre —compartí mi idea con él—, pero sí me gustan algunas poesías. Sí sé que parezco media bipolar.
—No, para nada —soltó una carcajada—, me gusta tu manera de pensar.
—Es confusa —repliqué—, hasta yo me confundo con lo que hablo.
—¿Te enredas?
—Me entiendes a la perfección. ¿Lo sabías? —lo miré con una sonrisa en el rostro—. Me gusta tu compañía.
—¿De verdad?
—Sí —contesté con la más pura verdad, porque era así. Me gustaba su compañía—, me hace sentir menos sola.
—¿Sola? Siempre paras con tus amigas —dijo él.
—Sí, pero muchas veces no entienden lo que quiero decir.
—¿Y eso quiere decir…
—Eso quiere decir —lo interrumpí— que cuando hablo contigo me siento menos sola. Me siento hablando con alguien que me conoce de toda la vida y me conoce a la perfección. Aunque la situación no sea esa.
—Podría ser así —susurró.
—¿Qué dijiste? —“me hice la sorda”, lo había escuchado a la perfección.
—Nada —sonrió—, estábamos hablando de cuál es tu frase favorita.
—Bueno, no tengo una favorita —respondí—, pero me gusta una que dice: “detrás de cada persona dura, siempre hay un corazón que ha sufrido mucho”.
—Me gusta esa frase —tomó un sorbo de agua—, es la pura verdad.
—Y es bueno saber que alguien aparte de mí se da cuenta de todo eso.
—¿Por qué dices eso?
—Muchas personas creen que cuando una persona es dura, es porque es una persona fría, antipática, y cosas así. Juzgan sin conocer; pero las cosas no son así.
—Esa es tu situación —se le escapó entre labios.
—¿Cómo así? No te entiendo.
—Todo el mundo en primera estancia piensa que tú eres una chica fría, que realmente no tiene una pasión por la vida, y cosas así, y que es antipática. Probablemente. Pero solamente se quedan viendo lo que irradias, pero no lo que eres. ¿Me entiendes? Ni si quiera intercambian una palabra contigo, pero ya andan diciendo eso.
—Pero, ¿así no es? —yo me sentía así. Yo era fría. Y todo lo que él me había dicho sobre lo que decían de mí era cierto. Desde mi punto de vista.
—No lo es. Tal vez tú no lo veas, pero yo sí.
—¿Qué cosa? —pregunté, y me apoyé en la silla de una manera más cómoda; la conversación duraría un poco más.
—Veo muchas cosas en ti —me dijo Justin—, veo muchas cosas lindas. Y sé que tú no eres la persona fría que aparentas ser. No eres una piedra, tienes sentimientos hermosos. No sé. Sé que te ha pasado algo en tu pasado, y sé que no me lo vas a decir a mí, pero sabes que me tienes siempre acá y si necesitas alguien o a algo, acá me tienes. ¿Sí?

“¿Será adivino?”, pensé en primera estancia. Él sabía algo ,seguramente alguien le había dicho, pero no era lo importante. Solamente quería saber que le habían dicho. O si es que no le dijeron nada, este chico tiene algo especial. Lo sé.

—Gracias —pude decir avergonzada.
—No te ponga así, sabes que son así las cosas —prosiguió Justin—,  sé que eres así solamente porque quieres liberarte de algo que te ha pasado con ese humor, pero sé que algún día te dejará de funcionar y te darás cuenta; no importa si es temprano ó si es tarde ,el punto es que me tienes acá.
—Gracias, en serio —repetí, pero ya no estaba avergonzada.
—No, para eso están los amigos —me regaló otra de sus magníficas sonrisas. Eran maravillosas.
—No entiendo como puedes ver cosas que no están presentes en mí, ¿sabes? —lo miré.
—Sí lo están —me miró con sinceridad directamente a los ojos—, solamente que tú no quieres que nadie los vea, y por eso te ciegas.
—Jamás me cansaré de repetirlo, ¿sabes? —no me iba a dar por vencida. Soy terca, y cuando pienso de alguna manera nadie lo cambia—, ves cosas en mí que me sorprenden.
—Es solamente ver las cosas más de un solo punto de vista —tomó otro sorbo de agua—, no concentrarse mucho en uno, sino en dos.  ¿Me entiendes?
—Sí, te entiendo —le regalé otra sonrisa, otra más.
—Las personas mayormente se concentran en una forma de ver las cosas, pero yo me acostumbré de verlas de una manera poco inusual; como las cosas realmente son.
—Me gusta cómo eres, en serio —le di ese cumplido—, me encanta.

Hubiera seguido hablando con él, pero nos trajeron la comida. Dejé que nos pusieran los platos y se retiraran, así podríamos hablar más cómodamente.

Nos hizo unas cuantas preguntas el mesero y se fue. Solamente quería quedarme a hablar con Justin.

—¿Qué decías? —me preguntó él con una sonrisa.
—Nada, ya no tiene importancia —me dio vergüenza repetir lo que había dicho, aparte, ahora estaba mirando el paisaje que tenía en frente mío.
—¿Qué tanto miras? —siguió mi mirada con la suya.
—Me gusta el paisaje que tengo desde acá —le respondí sin dejar de observar aquel paisaje—, me gustaría tener mi cámara en estos momentos.
—¿Te presto mi iPhone para que le saques una foto? —estaba ya buscando su iPhone, pero no lo aceptaría.
—No, no gracias. No te preocupes —lo miré por un momento, y volví mi mirada hacia el paisaje.
—No, en serio, no es ningún problema para mí —lo estaba sacando de su bolsillo.
—Yo tengo una cámara profesional, y digo que me gustaría tenerla en estos momentos para tomar una foto —dije para impedir que él me prestara su celular—, era eso, solamente.

Solamente me gustaría tener aquella hermosa cámara en mis manos. Amaba las fotografías. Las amo. Me gustaría estudiar fotografía o algo parecido a eso, simplemente es algo que desata pasión en mí. Es una forma en la que me puedo demostrar. Aparte, los sucesos más importantes o no tanto, están en un recuerdo por siempre: fotos.

Para mí una fotografía es algo único en la vida. Algo irremplazable. Algo que siempre estará ahí, como un recuerdo que no será fácil de eliminar de nuestras vidas. Algo que muchas personas aman. Un invento que realmente vale la pena.

Cosas que muchos de nosotros creemos simples, realmente son hermosas  solamente que no nos damos cuenta de aquello.

—¿Ah sí? —me miró—, ¡qué bien! ¿Te gusta la fotografía?
—Es una de las artes que más me gusta —confesé—, pero también me gustan otras.
—¿Se podría decir que es una de tus favoritas, cierto? —me miró.
—Exacto.
—¡Oh! —exclamó él.
—Es algo único, algo que solamente existen unas.
—Te entiendo.

Me gustaba cuando sus labios pronunciaban esas palabras. “Te entiendo”, muchas personas me lo habían dicho anteriormente, sí. Pero la pregunta de un millón de dólares, ¿cuántos lo habrá sentido o realmente hecho? Sé que más de la mitad no lo ha hecho. Más de tres cuartos de todos lo que han dicho eso. Es bueno saber y también lindo, que alguien lo diga de verdad. Sé que él no me miente porque lo veo en sus ojos. Sé que suena loco, pero así son las cosas en la vida. Locas, sin sentido.

—Pensé que nadie lo hacía —comenté.
—Yo lo hago —replicó.
—Lo haces perfectamente —continué.
—¡Aw! No es para tanto —parecía enternecido; no sé si sentirme bien o mal.

Sí, no sabía. Habían varias formas de tomarse lo que él me dijo, y una de ellas podría ser “¡aw, es una chiquita inocente!”, o cosas así.

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Hola chicas, ¿cómo están? Lo siento por la demora, he tenido unos días pésimos últimamente. 

Les quería dejar la primera parte de este capítulo, ya que ya son las 10:30PM de la noche y mañana tengo que ir al colegio, y no voy a poder dejarles ninguna parte más. Por eso, lo siento, y también de que en el próximo capítulo responderé las preguntas y todo eso, ¿sí? Me muero de sueño :) Descansen, chau chicas. 

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Vale